En los albores de la década de los cincuenta, al calor de una reunión de amigos como don Bernardino Quintanilla. don Ernesto Zárate, don José Rodiño y con el único objetivo de ensalzar un caldo producido en estas tierras del Valle del Salnés y que se sabe traído desde las frías tierras del Rhin por los Monjes de la Orden del Císter de Cluny. comienza la que hoy es, después de la Fiesta de la Vendimia de Jerez, la más antigua que se celebra en honor de un determinado vino conocido ya popularmente por el "Príncipe dorado de los vinos" como asi le ha llamado el gran escritor Alvaro Cunqueiro
Las primeras catas tienen un carácter íntimo, aunque festivo pero trasciende el conocimiento de este certamen y entre los simpatizantes y cosecheros aumenta el interés, concursando ya un número importante, aportando muestras de sus productos.
En el año 1952 se celebra de un modo más popular la primera Fiesta del Vino Albariño, a la que son convocados los romeros en torno al "Príncipe dorado de los vinos" y constituyéndose con toda solemnidad el Jurado de Cata Prima que con todo mimo y secreto selecciona los vinos que merecerán, según su leal saber y entender, clasificarse para superar los rigores del Jurado de Cata Postrera que los puntuará de forma que de ellos resulten clasificados desde el primero al décimo premio. Antes de darse a conocer el fallo del Jurado de Cata Postrera, una comida romera, que primeramente se celebró en la casa de don Angel Botana, hijo político del Poeta de la Raza don Ramón Cabanillas, durante los cinco primeros años, y después en el Pazo de Ulloa, para fijarse definitivamente en la finca del Pazo de Bazán, que hoy acoge al Parador de Turismo del Albariño, hace que los romeros confraternicen y degusten los exquisitos caldos de toda la Comarca cuya capitalidad radica en esta Villa.
Con el transcurso de los años, el certámen va adquiriendo más renombre hasta el punto de traspasar nuestras fronteras, y Santiago Apóstol hace el milagro de que el Camino Francés sirva para conducir hasta esta Villa fundada por el Rey Witiza, a romeros albariñenses de Francia, Alemania y las Bretañas que con sus ingenios fotográticos llevan hasta Borgoña, Renania y la hermana Irlanda, las bellas imágenes de la Plaza de Fefiñanes, la Torre de San Saturnino, el Paseo de la Calzada y los Pazos legendarios que cantó el poeta.
Por las excelencias del Albariño, cada primer domingo de Agosto, se suman a la celebración familias de literatos, políticos, ilustres personajes y todos cuantos disfrutan del merecido descanso veraniego en la incomparable Ría de Arosa.
En la actualidad, la Fiesta, sin perder su carácter popular, tiene un marcado acento comercial debido a la gran expansión que la misma proporcionó al Vino Albariño.
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