Sus desmoronados restos, con muestra de tres cuerpos, revelan la sillería y trazas de una edificación que, si bien atribuida al tiempo de Gelmírez (1100-1140), custodio de la costa gallega y precursor de la Marina hispana, es no menos probable que provenga de los Sotomayor, posesores desde el siglo XIII del Señorío de Santo Tomé, por foro de los Arzobispos.
El emplazamiento en un islote terminal debió de estar condicionado por el de construcciones precedentes, hito, atalaya, y bastión en este punto de la ría.

La forma romance, adherida hoy a la torre, del nombre del primer obispo de Tolosa, cuyo culto entró pujante en España a fines del siglo V, es prueba de la antigüedad de la ermita que le estuvo dedicada, próxima al torreón primitivo.
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